Anestesiada e insomne

Claudia Mariela Coronel Silva

martes, febrero 09, 2010

El "understandment"

Llueve. Las luces de los autos se reflejan en el asfalto. Él, sin soltar el volante, mueve el espejo para verle la cara. Ella mira por la ventanilla en silencio. Él suspira y le dice: "Me gustas." Patricia sigue mirándolo en silencio mientras Mauricio deja de hacerlo y se acerca al quiosco de la esquina para frenar y bajar del auto. En el quiosco compra cigarrillos, un paquete de los negros y otro de los mentolados. Sabe que le gustan los cigarros mentolados, pero sabe que no va a agradecérselos. Dentro del auto Patricia lo espera aún en silencio. Mauricio vuelve con un cigarrillo en la boca y otro en su mano, se lo coloca entre los labios de ella y enciende un fósforo, ella corre la cara y tira el cigarrillo por la ventanilla. Éste cae en un bache de la calle empapada. Después de ese gesto, a él no le queda más que preguntarle: "¿Te molesta si fumo yo?." Patricia en silencio, le responde que no sólo moviendo la cabeza, y la lluvia empieza a caer más fuerte.
El mismo silencio permaneció intacto durante todo el viaje de más de media hora. Después de doblar una esquina, en un barrio de casas bajas, Mauricio lo rompe y le dice a su compañera: "Ya estamos llegando." Ella lo mira de reojo y después al cielo, él mira el cielo y después le dice: "Por ahí pare de llover hoy." Sin decir nada, Patricia vuelve su vista al frente. Se estacionan por fin frente a una casa vieja, con ventanas largas y persianas gastadas, con rejas oxidadas y una puerta alta, estrecha y de madera gruesa. Mauricio baja del auto, da la vuelta para abrir la puerta a Patricia y la ayuda a descender. Patricia baja pero no dice ni gracias, a Mauricio parece molestarle tal descortesía pero tampoco le dice nada. Se acercan a la puerta de madera sin timbre, se miran con gesto de sorpresa y suspiran fuerte, él toca con los nudillos de su mano grande y robusta, los golpes suenan fuertes y se oye un eco detrás de ella. Esperan.
Mauricio vuelve a tocar la puerta, esta vez cierra la mano y da tres golpes más fuertes. Otra vez hubo eco. Luego de unos minutos de incertidumbre se escucha: "¿Quién es?" 
"Soy yo", responde él. En ese instante abre la puerta una señora vieja, de espalda cuadrada y grande, su cabeza parece anormalmente redonda y ésta vestida con un solero estampado de flores. Lleva el pelo recogido y unas chancletas muy usadas. La señora se seca las manos en el vestido. Se queda muy quieta delante de la pareja de visitantes antes de comenzar a gritar con voz aguda y metálica: "¡Pasen, pasen!", repentinamente les mostró un entusiasmo que contrastaba con su primera impresión. Estaba casi a punto de saltar, emanaba alegría. Lo reconoció.
Dentro de la casa, en un hall de techos altos y paredes de ladrillos sin pintar, con una pared de vidrios de diferentes tipos y colores, Mauricio y Patricia esperan sentados sin mirarse a que la señora traiga todos los utensilios para el mate y mate. La señora se sienta delante de Mauricio y de Patricia, y le da el primer sorbo al mate. Las sillas de mimbre viejas crujen con cada movimiento de la señora. Ni Mauricio, ni Patricia se mueven más que para aceptar el mate y devolverlo. Parecen estar petrificados, sólo parpadean. La señora, entre mate y mate, comienza a mencionar un montón de detalles sobre su pensión y sobre el perro que murió semanas anteriores. Ellos la escuchan, ella no para de repetir: "Hubieses llamado, nene, porque sé que vos no comes mucho, pero como voy a saber si la comida te va a alcanzar, ¿Verdad? Maurito." 
Mauricio casi no sonríe, pero muestra muecas con esa intención. Intermitentemente intercala sus pequeñas sonrisas con miradas dirigidas a Patricia. Ella mantiene sus ojos bien abiertos, su tensa piel no se mueve, se permite participar en silencio.
La señora se aleja para después traerles un plato con facturas un poco viejas, galletitas de avena y tostadas recién hechas, la coloca en la mesita del medio, más tarde se acerca con más agua para el mate, la coloca al lado del plato, después se va. Mauricio y Patricia se quedan solos en el hall. Él la mira, ella de reojo también. Él acerca su silla a la de ella, ella sigue arisca y toma una galletita de avena. En el patio la lluvia no para. Patricia termina de tragar, mira los ojos de Mauricio. Son marrones y pequeños, bastantes separados uno del otro, pero igualmente tiene una cara bella y armoniosa, con una perilla griega que Patricia siempre besó pensando en guerreros mitológicos. Él levanta su brazo y lo deja caer para que su mano tome la mano de ella. Mauricio la sujeta bien fuerte, con esas manos grandes llenas de callos. No quita sus ojos de los de ella. Levanta la pequeña mano de Patricia. Se la lleva a la boca, la besa suavemente, siente en sus labios la textura de un pétalo o de la piel del durazno con el aroma de la lluvia que no para. Ella sonríe mirándolo, él le dice: "¿Estás bien?"  Ella responde: "Sí, amor."

miércoles, febrero 03, 2010

Actitudes masoquistas

A diferencia de muchas otras mujeres que se cortan el pelo para verse mejor...Yo me corté el pelo para sentirme más liviana. Algunas razones son el calor, la humedad, otras...el cansancio que tengo de mi misma. De todas formas, me veo mejor.

jueves, enero 28, 2010

El año pasado, o un post que no quise poner hasta el día de hoy.

30/12/2009





-Noche: Charla con El Autor

Y él dice: Tal vez yo sí me pregunto a veces si es que estoy enamorado.
Yo le digo: ¿En serio? A ver, ¿qué es lo que hay con ella que puede hacerte dudar?
Él dice: ¿A qué te referís?
Yo: O sea, ¿Qué te pasa? ¿Qué te atrae? ¿Qué te da? ¿Qué le das?...¿Qué hay?
Él: Sí, nos estamos dando cosas.
Yo: ¿Qué te puede dar ella?
Él: Me hace bien

Terminamos de hablar de ella con esa frase. No pude cuestionársela, cosa que me molestó. Porque, como él dice, soy una  "hinchapelotas" que esta vez (lo admito) no tuvo ninguna frase inteligente que retruque la cursilería. Obvio, seguro que le hace bien y ella siente esa reciprocidad. Él afirma que CAPAZ es lo que necesita, necesita una chica así; sin doblez, simple, aburrida. Palabras de él. Y además, ella se ríe con sus dientes perfectos de las cosas que él dice. A él eso es lo que le hace bien y más le gusta. Más palabras de él. Entonces no me meto más. Me estoy yendo de la pensión, ya amaneció hace rato. Él me mira como Liam Gallagher al despedirse. Estamos en paz al terminar el año. Ya nada tengo que hacer ahí.

lunes, enero 25, 2010

Noche linda

Noche linda, noche en flor, 
mansa mi canción de amor, 
voy por vos buscándote otra vez.

Viento dulce el de tu voz, 
que me llena de embriaguez, 
voy por vos buscando tu querer.

Y al andar...
te bajo la luna y me pongo al revés, 
camino de manos y rio a la vez,
y dejo que el aire me lleve,
me lleve ligero a tus pies.




Me darás mil hijos!    Escuchaste????       MIL!!!!!

domingo, enero 17, 2010

El fin de semana pasado

-Hacémelo ahora mismo.

Se lo hubiera dicho sin pensar, cuando lo vi agachado mirando en la parte más baja de la sección de literatura-narrativa-argentina de "El rufián melancólico." Estuvo varios minutos antes de darse cuenta que yo ya había encontrado un libro para llevarme a sólo 15 pesos (una delicia de Henry James) y terminada la tarea me paré a su lado para verlo lejos de mí. Siendo domingo por la tarde, con una sensación térmica de 38 grados, y habituados a sólo caminar, hablar, besarnos de tanto en tanto, ver su barrio de San Telmo siempre lindo y multinacional, me dieron ganas de coger con él en esa libreria, con mis anteojos de marco gruesos bien puestos.
A veces me asquea ser tan estereotipada .

lunes, enero 04, 2010

De américa.... triste lunes para mí




Ya bebo de tus lágrimas
el trago del dolor
Con el sabor amargo
que nos da el último adiós;
Mañana volveré, más luego partiré
llorando...

domingo, enero 03, 2010

Dos mil diez: Así comienza el año

"Te entrego mi corazón. Hago un trasplante y me quedo con el tuyo. Te entrego el mío con venas, arterias y todo el aparato circulatorio. Los capitales están incluídos y todos los litros de sangre que corren dentro mío cuando me besás la frente también."

martes, diciembre 29, 2009

Welcome to Cursilandia

Detalles, son detalles. Me dejo tocar en la rodilla y en el tobillo cuando no hay necesidad de que lo haga. O simplemente que acaricie mi comisura con sus labios o abrace mi panza que no tiene ninguna característica pretenciosa. Doy permiso a que delire una cantidad importante de frases entre románticas y patéticas y que me empuje a decirlas también. Permito que me vea antes de despertar, con la cara hinchada y marcada, con saliva en la almohada y mis pelos ochentosos sin remedio de algún arreglo.
Cuando estamos muy solos, tiene entrada libre a saber todo lo que pienso y digo, sabiendo que todo lo que pienso son críticas de todo y que lo que digo está formado de oraciones sin sintáxis, menos de vocabulario universitario. Lo hace sin enjuciarme mientras besa algunas cicatrices de mis piernas. Luego lo siento en mi espalda antes de dormir y noto que respira muy fuerte si me acerco y que sus silencios no son malos. Y que puedo involucrarme tanto como para perderme un fin de semana lejos de todos por el capricho de tomar su mano de uñas largas o despeinar sus patillas.

jueves, diciembre 24, 2009

Sigo agregando palabras esdrújulas a mi vocabulario...se nota que tomé en navidad...se nota.

sábado, diciembre 19, 2009

Ciencia ficción - Parte 5

- ¿Danu? ¡Ay, por favor, volvé!...Ya estoy asustado, Guillermo.
- Sí, pobre Daniela, parece hipnotizada, ¿estás seguro que no fuiste vos?
- ¿En qué sentido?
- ¡Con el buraco de ET que tenés ahí, digo!
- Ah, no sé, ¿decís que puede ser eso?
- Tal vez. Mostrale de vuelta, mostrale eso que hiciste otra vez, a ver si así se desbloquea.
- Bueno, con intentarlo...

 Y volviste a introducir tu puño jugando con ese efecto de magia, hasta que yo no sé con qué impulsos, motivada por nada más que curiosidad, me fui directo a tu cuerpo. Como si fuera un portal, mi cabeza, mis manos, mi torso y mis piernas desaparecieron en ese agujero. No fue ni forzosa, ni dolorosa la entrada porque fui casi absorbida.
Bañada de sangre y sin espacio, rodeada de tus órganos, estaba dejando de respirar. Todavía no te explicabas qué había pasado al segundo después, pero Guillermo comenzó a buscarme impaciente. Su mano chocó contra tu piel y fueron intentos fallidos. "¿El conjuro se había terminado?" se preguntó seguramente.
Desesperados intentaron mil maneras de volver a meter la mano y nada. Eras humano otra vez. Muy humano, muy normal. Yo adentro, ya sin oxígeno, escuchaba los últimos murmullos de ustedes. Murmullos de asombro o temor. Todo fue tan instantáneo que no pude escucharlos más. Guillermo buscó la manera de abrirte. Quería abrirte. Vos, conciente del futuro fratricidio, no ignoraste el zumbido que ensordeció a la ciudad. Guillermo, en cambio, estaba en el auto buscando algo filoso cuando ese zumbido te empujó al suelo con ojos cerrados y el pecho desnudo. Te tomaste el cuerpo abrazándote o abrazándome muy fuerte. Había llegado definitivamente, y era horrible la aparición ruidosa en la que lo hizo. Guillermo luchó contra ese espantoso sonido y caminó hacia donde vos estabas tirado en posición fetal y llorando. Tenías mucho miedo, me dijiste. Te agarraste bien fuerte desde la piel del  pecho y me susurraste que me amabas. El dolor en tus oídos no te dejó escuchar a Guillermo que estaba mirándote como podía y con un pedazo de vidrio te apartó de tus brazos, separó tus manos de tu pecho y te abrió.
El zumbido cesó. Guillermo no llegó a ver mi cara ahogada al lado de tu corazón. No llegó a buscar más en vos. Lleno de sangre y algunas entrañas, cayó muerto en el silencio.


Fin

miércoles, diciembre 09, 2009

CARLITO'S WAY (máximas de la marimacho)

"Una marimacho adora ponerse polleras y vestido; portaligas y medias pantys; y zapatos finos de tacones altísimos. El problema es que no sabe cómo usarlos sin tocar esa delgada línea que divide a la chica femme fatal de la perra ninfómana."

jueves, diciembre 03, 2009

Ciencia ficción - Parte 4

"¡No podés creer que sos un extraterrestre! No me hagas reír, por favor. Si es así, ¿a mí en qué me convierte? ¿Y a Daniela? ¿Vas a decirme que es Mindy ahora?...¿Mork?"
Vos ya sabías que tu hermano no iba a creerte de entrada. Es más, ni te escuchó. Nunca dijiste que eras un alien, ni que querías serlo, sólo que tenías un objeto de algo que podía pertenecer a un extraterrestre dentro de tu cuerpo. Se lo aclaraste y no pidió más explicaciones. En cambio, yo sí. Quería saber qué era y qué hacía, o dónde estaba. Fue ahí cuando nuestras burlas terminaron. Te levantaste la remera y, con efectos especiales jamás vistos, metiste tu mano en tu panza. Literalmente se metió en tu cuerpo.
No te conformaste con nuestras mandíbulas tiradas en el piso y revolviste por dentro. Nos mostraste tu estómago, algunas vísceras, la sangre como gelatina. Me dió asco pero no podía dejar de ver lo que veía. Recuerdo que Guille me agarró fuerte del hombro, me empujaba hacia el suelo justo cuando vos estabas haciendo un sorteo con tus órganos. Estabas extasiado. Yo muda.
En mi parálisis, mi oído dejó de escuchar tus risas y los "¡Oh, por Dios!"de Guille. Antes que un ruido blanco interrumpa tu voz guardada de una charla de nuestra primera vez, cerré la boca y me senté en el suelo. Tu voz se puso a desfilar en mi mente. "Podés sentir todo de mí si querés, no duele tanto." Quizás quise creerte poeta, o perverso, pero no literal. "Podés verme por dentro, casi no tengo paredes." "Te cuento esto porque te quiero, ¿me vas entendiendo?" En ese entonces, en tu cama, ventilados por una brisa de tu enorme ventana, prioricé el te quiero. Soy una chica y ese era tu primer te quiero. Pero yo ya me había enamorado las dos noches anteriores, Felix. Yo bajaba de tu auto y me cantaste una versión divina de Louis Prima, que no se parecía a la de David Lee Roth.
"¿Qué te pasa, Dani?", me preguntaste todavía con tu muñeca desaparecida en tu ombligo.
"Co-Cómo?" te dije todavía charlando con nosotros en nuestro debut de amantes. "Vamos, esto les conté de muchas maneras, muchas veces. Nunca mentí cuando les dije que una vez me perdí. Me perdí en tiempo y lugar. Aparecí acá, por eso los traje". Repetías: "Un ser raro parecido a un pulpo estaba sobre mí. Ardía. Luego estaba caminando a casa como si nada. Supuse que era algún efecto de tanta marihuana de esa noche, pero no. Esto que hago ahora, lo descubrí no hace mucho. Pensá en el miedo que tuve. Primero un dedo... Mirá si me desarmaba. ¡Ja!...Pero, que sé yo. Estaba re cagado..."
Seguías hablando hasta que... "¿Danu? ¡Daniela! ¿Estás bien...Dani? Guille,¿está bien?" Y el ruido blanco los alejó, esta vez yo me perdí.

jueves, noviembre 12, 2009

Ciencia ficción-Parte 3




Guillermo despertó y se sintió incómodo con nuestro momento romántico. Más que incómodo estaba nostálgico. "¿Qué piensan hacer?" Nos miramos y le respondimos que no habíamos cambiado de idea. "¿Y vos?" "Yo los acompaño, pero me parece que es una locura. No quiero despedirme de ustedes pero tampoco estoy dispuesto a hacer tanto". "Siempre fuiste un vago", le dijiste con pena. Con hombros levantados te respondió: "Y sí."
Un poco emocionado, vos me miraste sabiendo que no iba a dejarte. Decidiste dejar el auto ahí y nos pediste que te acompañemos. Que no esperaba que hubiésemos llegado tan lejos y que por eso no esperabas tener que contarnos lo que ibas a contarnos. Yo pensé que antes de abandonar el auto había que encender la radio, de una u otra forma teníamos que saber qué iba a pasar. Además no faltaba mucho para la hora anunciada. Te lo mencioné, pero vos me miraste con la soberbia que te caracteriza y que tanto me gusta de vos. “No hace falta. En serio es innecesario, mi amor.”
Llegamos a la zona del hospital nunca terminado, al lado del río, donde la ciudad se vuelve un cuadro de comic. Y ya cuando paramos de andar, viniste a tomarme la mano, le sacudiste la melena enrulada a Guille y a ambos nos dijiste todo lo que iba a suceder y que efectivamente pasó. Pero en ese momento no te creímos. Guillermo estuvo un poco asustado pero se calmó al resumir tu historia y sentirla tan irreal. Yo tenía ganas de reírme un poco, si puedo sincerarme. Eso por un lado. Por otro, no era la primera vez que te ponías igual de serio, ni tampoco era la primera vez que mencionabas a los mismos personajes. Eso me descolocaba queriendo creerte. Sin embargo en ese instante no lo hice, tal vez porque era natural que inventaras historias y repitieras eso. Cuando recién nos conocíamos te escuchaba de igual manera, sólo que sentía que querías impresionarme o que te habías pasado un poco de borracho o de droga y estabas delirando.


  (No tengo más tiempo, pero lo voy a continuar, te lo prometo.)

viernes, noviembre 06, 2009

Hombrecitos



San Telmo, aproximadamente las 19 horas, en el comienzo de la primavera del 2009 y un día de semana estábamos caminando hacia su casa. Me besa la frente y me señala a los hombrecitos de ese histórico edificio. Me cuenta algo sobre ellos y cómo los conoció. Así, un breve relato que escucho de él en lo que toma caminar una cuadra. Antes de cruzar hacia la otra cuadra me agarra con sus manos y me roba otro beso pero de mi boca esta vez. Con los ojos cerrados absorbo el momento con la esponja de mi piel y memoria, pero antes... abro un ojo, miro al cielo, levanto mi ceja...y los veo observándonos. Sí...soy paranoica... no me odies.

viernes, octubre 23, 2009

Ciencia ficción - Parte 2

Llegamos para ver que había mucha gente que también moría de curiosidad. Todos tienen la sensación de condimentar los días de su vida con algo nuevo y desconocido. Vos también te dejás llevar por ese sentimiento. Estás aburrido de tu trabajo, de la facultad, de tocar, de drogarte, de parecerte a Ian Curtis sin serlo, y a veces estás aburrido de mí. Tu hermano no salió del auto, le agarró sueño y se tiró a dormir. Yo esperé apoyada sobre el auto esperando que vos volvieras de ir a averiguar si efectivamente había algo allá. Encendí mi cigarrillo y pensé en tu aburrimiento, y en el mío.
No había nada. Eran informaciones erróneas de algún chistoso que nos utilizaba para reírse de lo estúpida que es la humanidad. Vos hubieras hecho lo mismo. Pero esta vez había algo más que se superponía a la acostumbrada intolerancia. Intentaba descubrirlo mientras volvíamos a dar vueltas por la ciudad. Cansado un poco, frenaste cerca de donde te conocí. Un dato no menor, porque te gustaba recordarlo cuando el silencio se apoderaba de nuestra relación.
Guillermo, tu hermano, ya roncaba para ese entonces. No soportaste el silencio y tampoco el ruido de la radio. Pusiste algo de música compilada y dejaste de mirarme. Repetiste lo dicho esa misma mañana. "¿Estás segura de participar en esto?" No porque no conocieras cuál era mi respuesta. Pensé, en ese instante, que era posible que quisieras salvarme de la locura que íbamos a cometer, que me querías demasiado como para apoyar que te siguiera en tus ideas, o que te considerabas poco y pretendías más de mí. "Yo voy a ir a donde vayas. Quiero pasar el resto de mi vida con vos. En este planeta o en otro. No me importa." Me besaste con inigualable clemencia.


(sigue...sigue...)

jueves, octubre 22, 2009

Ciencia ficción - Parte 1

Ciencia ficción

Cambiamos la sintonía de la radio. Anunciaban que definitivamente iban a llegar esta misma noche. La locutora marcaba la hora del suceso cada diez minutos. Una especie de lluvia de cuerpos ardientes, no se sabía bien qué, caerían en la ciudad. Tampoco se sabía cuántos barrios iban a verla ni cuántos otros iban a sufrirla. Ni la dimensión o el daño real de tal fenómeno estaban siendo comunicados en los flashes informativos.
Subimos al auto esperando perseguirlo y, entonces, dábamos vueltas desde el centro hasta tu casa, hasta la mía, hasta el puerto, hasta la entrada de la ciudad, y estábamos así más o menos desde las cinco de la tarde. Faltamos al trabajo y vos a la facultad ya sabías que no ibas a ir desde ayer.
Entre una canción y otra, pensábamos emocionados que íbamos a ser testigos de algo que la ciencia ficción regaló a nuestra infancia. Vos convencido de que esto era parte de algo mucho más poderoso, tomaste algunas cosas del taller y, del supermercado, me obligaste a recoger alimentos. Muchos estaban escondidos en los garages y subsuelos de oficinas y departamentos. Otros reforzaban puertas de casas y nosotros eramos casi los únicos, además de otros pocos locos más en las calles, que paseábamos en auto, preparando la cámara y comiendo algunos snacks con gusto a queso.
Tomaste la avenida y volvimos al sur cuando vimos caminando, sin prevención, como si no tuviera idea de lo que estaba pasando, a tu hermano. Iba camino al Bajo. Dos gritos no lo avivaron de subir. Enojadísimo lo amarraste con tus largos brazos y lo metiste sin mucha oposición al asiento de atrás. Me sentí incómoda con la pelea que se armó. No lo dejabas dar sus razones. Yo escuché el nombre de Paula y te hice callar antes que él empezara a llorar. "Una lluvia de meteoritos no va a hacerla volver con vos" le dijiste con mucha crueldad sin que yo pudiera detenerte. Tenías bronca no sé si a él, a ella o a mí, porque me miraste de reojo y suspiraste de fastidio cuando te puteé.
"Guillermo, ella está en su casa. Si querés la llamamos y la invitamos a verlo desde acá". Tu hermano entre sollozos "NO" me hizo entender que se le habían pasado las ganas de ir a verla. Y luego la locutora interrumpió para dar la primicia del primer cuerpo cayendo al río. No estábamos lejos, así que aceleraste. Fuimos a ver qué era lo que bajaría luego.




(obviamente sigue)

viernes, septiembre 11, 2009

Lejos del ovolactovegetarianismo

Una eternidad
esperé este instante
y no lo dejaré deslizar
en recuerdos quietos
ni en balas rasantes
que matan...

Ah... come de mí, come de mi carne
Ah... entre caníbales
Ah... tomate el tiempo en desmenuzarme
Ah... entre caníbales

Entre caníbales
el dolor es veneno, nena
y no lo sentirás hasta el fin.
Mientras te muevas lento
y jadees el nombre
que mata...

Ah... come de mí, come de mi carne
Ah... entre caníbales
Ah... tomate el tiempo en desmenuzarme
Ah... entre caníbales

Una eternidad
espere este instante...



SS



domingo, agosto 30, 2009

El músico habla

Groupie Enamorada (cuento viejo)

La camisa blanca y traslúcida tiene mucha sensualidad en el pequeño torso de la adolescente que se cree groupie. Las flores bordadas en la misma camisa pierden a mis pupilas cuando comienzan a moverse al compás de mi guitarra criolla. La piel virgen y pálida de las curvas que suelta la espalda descubierta provocan mi entusiasmo. Suavemente, la espalda es rozada por las puntas de sus largos rulos morochos. Más arriba, el cuello largo y anémico permanece oculto por los mismos rulos; y más abajo, el tatuaje que este verano le hicieron debajo de la cadera apenas se nota. Un pantalón de gamuza gastada lo oculta. No importa que sublimemente el tiro esté bajo. Me espanta imaginar a esa estrella dibujada cerca de mis nudillos, me asusta más saber que puedo marcarle mis pulgares.
Los pies descalzos son caprichosos, evitan el descanso sobre la alfombra; pequeños y aniñados pies, apenas quieren tocar el suelo. Quieren volar, acompañar a las manos y dedos flacos que despeinan los rulos abandonados en un cuello.
Desmiente el tiempo cuando honestamente gira la cabeza y la reposa sobre sus hombros desnudos. Una vez vi otra cara así. Estaba buscando partituras dentro de cajas en la casa de mi padre, no mucho después de su mudanza a Villa Gesell, y la vi. Mi mamá miraba así a mi padre veintiañero. Lo retocaba con sus claros ojos, lo elevaba hasta el cielo más oscuro. Congelaba su mirada en una fotografía vieja que mi padre cincuentón todavía guardaba.
Esta cara también tiene mejillas limpias y se saborea en ella el delicado bouquet esparcido en sus pómulos y labios. Nacen en comisuras anticuadas, mueren debajo de esos brotes que forman las tetas. Hay tanto rosado en los labios como en el diminuto círculo de los pezones. No son tetas de mujer, son las tetas de esta adolescente a la que le brillan los ojos cuando toco esa canción de los años setenta.
Canta la niña hippie, pero no deja de mirarme. Yo, no puedo dejar de mirar el ombligo perforado y decorado con piedras baratas de color azul.
Llega a mis oídos el campaneo de los aros colgantes, llega el choque de dientes de leche.
Es una adolescente que me cree una estrella de rock, adora mi talento, ama mi guitarra. Cree que nació en la década equivocada, cree en la música de mis manos, no le atemoriza el invierno, no se abriga si hace frío y sólo usa esa camisa de flores, la que no desiste y me muestra el cuerpo, cubierto de vellos erizados de dermis nueva. Para ella, esto es amor.
La música revuelve los largos cabellos llevados con el orgullo de la rebeldía. Lo corre de la espalda, lo usa para tapar una cara llena de ternura, llena de admiración. Sin cara por un rato, queda solitario el cuerpo teñido de pino.
Firme es la piel que se estira en los flacos brazos que vuelven a tocar esos rulos. Se sacude sola la melena, se detapa y deja libres a los ojos para mirarme.
No cae la mirada. Mirar parece no cansarla, parece no molestarla. Espera palabras dulces, lo sé. Espera que deje de tocar, lo veo. Es la que todavía no es mujer, la que nació años después, la que me espera. Y lo sé, ella quiere mezclarse dentro de mi liso pelo y rascar la barba que llevo semanas sin arreglar. Quiere, más que nada, ser mi guitarra; por eso no se detiene y me mira así como mi madre miraba a mi padre. Aunque pesen mis ganas por deshacerme del pantalón de feria americana y, aunque sea fácil apropiarme de su inocencia, aún de esa manera, yo no puedo dejar de tocar. No puedo dejar de ser músico.

martes, agosto 04, 2009

Nuevo

Lo miro un largo rato porque se me queda mirando...no digo nada...él serio responde: yo también.

viernes, julio 31, 2009

RUIDOSA

"De alguna forma me duele haber
perdido la licencia
de escuchar a Sabina y sentirme identificado.
En ese sentido, yo era más estructuralista,
me afirmaba en la negación". I.A.C.





Antes de este viernes y antes de este bar, Matías tuvo una noche de jueves con dificultades para dormir. Estuvo varias horas boca arriba, con su pecho abierto, sosteniendo su cabeza como si fuera una pelota de voley sin pegar un ojo. Esperó que el cansancio del lunes, del martes, del miércoles y del jueves le pisará los párpados y mantuvo prolongadamente notas repetidas de un contrabajo para que le quitaran algunos recuerdos de Cecilia, y de Micaela también.

Extrañaba a Cecilia porque hacía mucho ruido cuando dormía, cuando comía al masticar, pinchar o cortar, cuando revolvía el café por las mañanas, cuando caminaba descalza, cuando fumaba, cuando lo hacían y, cuando querían hacerlo pero ella no quería pedirlo, hacía más ruido todavía. Desde su vientre salían unos quejidos raros, desde sus muñecas y tobillos unos golpeteos de tumbadoras, redoblantes en su risa, y castañuelas de flamenco puro en la caída de su larga cabellera castaña.

Este jueves la calle abandonó autos y motores, y los mosquitos enmudecieron y el calor renovó la luna llena en la ventana de la habitación donde Matías intentaba dormir para olvidar lo poco que recuerda de su relación con Cecilia. Lo poco es ruidoso y está alejado de días o meses de calendarios, está tan mezclado en las planillas del tiempo que no se distinguen, salvo excepciones, de las cosas que recuerda de Micaela. Pero Micaela, al contrario, era calladísima, cuando hablaba lo hacía tan bajo, pausado, con breves oraciones, que sólo notaba su presencia con su figura inolvidable de violonchelo al salir de bañarse. A ella no le gustaba vestirse hasta no estar completamente seca, por eso caminaba felinamente de un lado a otro preparándose para irse, flotando en sus pequeños dedos, sin hablar, tarareando desde su interior completo en do. Matías, que solía despertar tarde, no esperaba una despedida. La observaba aún dormido como si fuera parte de su sueño, absorviedo toda la calma solitaria de su compañera desnuda.

Todavía era músico, todavía estaba en sus veintes y ella era la novia ideal para ese momento de su vida. Llegaba como si no se hubiera ido, con un vino de mesa y comida comprada. Nunca parecía cansada. Al otro día sin hacer el desayuno, con un fino cigarrillo, Micaela se vestía en silencio, escondida en el secreto de la miraba del erectado Matías desempleado, bajista del barrio de Paternal.

De Cecilia además extrañaba sus diminutos besos en la frente cuando se tenía que ir apurada intentando no hacer ruido para no despertarlo. Le dejaba una nota escrita rasguñosamente con lápiz en la mesa del comedor y cerraba la puerta sin detener la comparsa de llaves, cerradura, y trabitas. La escuchaba tomar el ascensor y salir del edificio cuatro pisos abajo. Estrañaba todos los sonidos de Cecilia en la noche de este jueves callado.

Solía pasar, desde hace más de tres meses, que en noches tan calladas y silenciosas como Micaela, Matías quisiera reconstruir los ojos inquietos de la asustadiza Cecilia. Cuando sonaba el teléfono saltaba de donde estuviera sentada, y con el timbre del portero, exaltada, repartía sus pupilas a todos los ángulos de la casa. Ese miedo a lo inesperado hacía chocar sus pestañas como platillos de dieciséis pulgadas sobre sus ojos vergonzosos.

Los ojos de Chechu delineaban un rojo cansado, saturado de escrúpulos, que la asemejaba a los conejos. Esos y las grandes paletas de su dentadura blanca la hacían parecer a los conejos, y Matías no podía dormir porque también estrañaba esto.


Cuando se cansó de estar despierto, y culposamente miró la hora, muy seguro de cumplir con su cuota de nostalgia, se sentó en el órgano del living y comenzó a terminar una canción que hacía tiempo dedicaría a Micaela, profesora de literatura, tres años mayor, amante predilecta y musa eterna, y que, ahora sabía, se la debía a Cecilia. En el absolutismo de la ingenuidad, pensó que nunca había extrañado así, jamás. Sintió, con una pedantería estúpida, que se trataba del llamado de la iluminación musical y, recordando sus tiempos de novio bohemio de la hermosa Micaela, no dormiría hasta el final de su creación.

Ya bañado en un sudor altanero, se replanteó tocar la canción en vivo para que la oiga Chechu. Y escondiendo cualquier deseo esperanzador de reconquista, la llamaría para que acepte ser su espectadora. Un silencio torpe lo detuvo en los arreglos finales. Matías se quedó pensando en el discurso de introducción que mejor llegaría para que el sí sea más ligero y natural. No podía atropellarla en un llano “¿venís?”, sin contarle algunos cambios obvios en su físico y en su rutina. “Tengo pelo corto, trabajo en una oficina”. Si podía extender esta información con unos acostumbrados comentarios malos, del estilo “Y vos que dijiste…” para que ella suelte la risa que compara con el talento de Billy Cobham, y tanto extraña, le sería más fácil concretar la cita.

Arrepentido por la hora desubicada para llamadas de exnovios y terminada la obra, el despertador sonó para anunciarle que debía trabajar. Matías se acomodó en su silla, delante de una computadora donde dibujaría gráficos contables hasta las seis de la tarde. Así lo hizo el jueves, el miércoles, y todos los días hábiles de la semana pasada, por lo tanto, este viernes no habría excusas antes de llegar al bar del piano blanco en la entrada y acomodarse en la silla para esperarla.

Porque le dejó un mensaje en la contestadora de su casa y estaría hasta la hora que cerrara esperándola. Es una sorpresa, pero no te asustes como los conejos, Chechu, le dijo a la grabadora. Luego le dejó indicado la dirección y cortó. No intentó encontrarla en un nuevo llamado. A las seis, Matías salió del trabajo.


Cerca de las once de la noche, Matías estaba desilusionado, escuchaba los platos, los vasos, las copas, los pasos, las voces, el piano de los dedos de Lucila y el poco taciturno pestañear de Cecilia, esta vez, copiaba los decibeles de los labios de Micaela. En la inmediatez de la depresión regaló su partitura a la artista presente y se sentó a tomar el último trago. No había aparecido.

El cansancio de la madrugada desvelada y los varios tragos que se pidió los últimas dos horas empezaron a hacer efecto en el cuerpo de Matías. Empezó a bostezar y a cabecear inevitablemente. Matías cayó sobre la mesa dormido durante los dos minutos y cincuenta y cuatro segundos que duró la canción.

sábado, julio 11, 2009

Letras vomitadas





martes, junio 23, 2009

Se lo dije a Flor

Cada mañana cuando salgo con mi gamulán pienso que yo debería estar enamorada.

Desde que hace 6 grados de térmica y uso guantes, medias largas, polera, y fumo un pucho en la parada del 115 a las ocho menos cuarto de la mañana, miro hacia la esquina que está a dos cuadras y pienso que debería tener un enamorado para ir diciendo: "Ahí viene".

Sé que es culpa del frío y del invierno y del color azulado del afuera, sé que tiene que ver con el acolchado o con la estufa y con el calor que tarda en juntarse frotando los pies cuando son sólo dos pies.

Y sé que no estoy mal, no me pongo a pensar en nadie del pasado, no. Yo soy nostálgica por naturaleza, y la nostálgia nada tiene que ver con mi estado de ánimo. Lo que pasa es que después de un tiempo así... me siento sola... lo pienso un rato y lo retengo cuando el colectivo ya está en la parada, lista para tomarlo, y hacer funcionar la máquina de la rutina.

domingo, junio 21, 2009

Embole

Me aburrió un poco estar a esta altura del año. Aburrió muchísimo.
Me aburrió la clave del cajero automático, y decir "cajero automático". Me aburrió el café de la merienda. Me aburrió escuchar no decir nada, aunque fuese lindo escucharlo, porque me gusta mucho su voz.
Me aburrió estar viajando en subte del centro casi todos los días.
Me aburrió ver los pies de las personas, dedos o zapatillas o cordones.
Me aburre escribir las mismas palabras, decirlas, escucharlas, interpretarlas, analizarlas, repetirlas, aburrirlas. Y me aburre utilizarlas para tener sexo con alguien, para aburrirme teniéndolo, besando, abrazando, agarrando, moviendo, acelerando, terminando aburridos. Nos aburre estar desnudos, nos aburre estar vestidos, o estar cerca o lejos.
No me aburre verlo dormir, pero porque casi nunca pasa. Me aburre ver tanta cara masculina alrededor. Me fascina ver que son tan parecidos, tan diferentes, luego no pasan más de diez minutos desde que me dijiste lo bien que la pasaste y el misterio termina, ahi es cuando me quiero ir a mi casa y apagar el celular.


martes, junio 16, 2009




"...además, te tengo un gran cariño..."

Frase de la Sra. Ebriedad


sábado, junio 13, 2009

Cosas que le pasaron a una Mariela

Mariela - yo no - le admite a su espejo de pie que lo extraña.

No es descabellado pensar que mañana nos llegará en la bandeja de "correo no deseado" la noticia de que, mientras hoy miraba el reflejo de su hermosa simpleza, ella haya sonreído por recordar un tonto instante de la noche de ayer. Mucho menos deberá sorprendernos enterarnos que, mientras elegía qué debía ponerse para no enfermarse antes del invierno, dibujaba su perfil sobre un pulóver celeste.

Y, al mismo tiempo que sonríe, se viste. Un segundo después, escucha su propia voz que repite ese nombre. A ella, a Mariela - no a mí - le parece tan raro escucharlo así, desde su voz, desde la imagen de sus letras, un nombre nuevo, una palabra nueva terminada en O.

Se viste. No necesita desnudarse para encontrar en alguna zona tangible eso que le está pasando cuando lo extraña.

Hoy lo extraña delante del espejo, agachada, pegada a su clon, sacándose la sombra lila que pinta uno de sus párpados hinchados. Sonríe otra vez. En su cara, su sonrisa imita el gesto felino que heredó. Le dura lo que tarda en ponerse la larga media negra de su pierna derecha. Exactamente un minuto dura el sabor del beso que la despidió esa madrugada y que vuelve a saborear porque lo tiene guardado en una parte de su cerebro o en un bolsillo de su lengua.

Ya tiene puesto el pantalón de corderoy. Vuelve a sentir el frío de Medrano y Rivadavia sobre su cachete. Sobre su espalda, cadera, piernas, cintura, siente ese otro frío, el que la entibió antes de llegar.

Una boca malva y melliza con comisuras levantadas le confiesa que lo extraña. Desfachatada es la boca del espejo que le pide que no lo niegue. Desvergonzado es el labio superior del reflejo, "enamoradiza" le dice. "Te gusta extrañarlo" le susurra.

Así le simplifica alguna que otra duda, porque sabe tanto como Mariela (la que no soy yo, insisto) que rogaría para que esta tarde dominguera no termine. No importa cuán discretamente lo haga, lo hace igual, y lo sabe. Suplicaría con humildad que se retengan las simultáneas imágenes de un banco de una plaza en San Cristóbal, la de un cigarrillo Camel compartido, la de una estrofa cumbiera cantada a capela, la de un beso dulce en la desabrigada clavícula, la de un horrible empapelado de un lugar barato de Once. Ruego o súplica, es domingo y Mariela - ¡esa otra! - canta delante del espejo la repetida estrofa de Sabina que dice que sin embargo la quiere.

domingo, junio 07, 2009

Aplausos

Últimamente nadie aplaude en los cines. Nadie deja fluir las emociones. Hay protocolo, hay reglas y todo eso que se llama mecanización de sentimientos.

En las últimas situaciones no me subí al bondi que debía y llegué tarde al trabajo, no comí en el horario debido con mi familia, y falté a un cumpleaños. Ví tres películas más y leí un capítulo más de un libro que no me gusta del todo.

Luego, con tapado y bufanda fui a contarle nada, y a quejarme. "¿El destino está señalando con un sobrecito celeste en mi celular?" le dije. Ella estaba ebria y afirmó, me dio valor medio por medio de su alcoholización y fui.

Él es un ser más que común y corriente, yo soy una chica más que simple y complicada. Me pierdo en una segunda ronda y, cuando empieza a hacer frío, lo añoro un poco, y espero que los acolchados me den calor necesario para que la noche de luna llena pase una vez más. Entonces, así en el sueño olvide que no pude aplaudir al final de esta película.

Voy a dormir 15 minutos más.

martes, junio 02, 2009

Intelectualoides

Ma' que Lacan, ma' que Godard, ma' que Spinetta, ma' que amantes del jazz, ma' que Foulcaut, ma' que Boudelaire... Y me chupa Fritz Lang, y también Won Kar wai. Me resbala que leas a Hemingway y que escuches a Pink Floyd. Tampoco me interesa que fumes en una pipa y que te guste usar pantalones de corderoy. La verdad es que unos lentes gruesos no te dan facha y tampoco muero por ser tu chica igual a Bjork.
"No, no vi el ciudadano Kane", "No , no escucho tangos, ni óperas, y sí, muy poco rock". Si el café viene de dónde...? Si que dijo Borges cuando...mmm...cuando dónde?. Pfffffffffffffff
No quiero escribir y ver que no dice nada, son las 6 de la mañana y tal vez ahora no duerma, ni pueda trabajar bien el resto de la semana. NO, NO, NO, no me gusta eso, ni quiero ser igual a ellos. ¿Por qué no me dejas ser así, y que te visite con una cerveza en mi mano, este sábado, con complaciente postura, con ganas de acabarte, acabarme y luego vestirme rápido para que pueda dormir en el bondi de la vuelta? ¿Eh?

miércoles, mayo 20, 2009

El esclavo de preguntas


Si se ve a un señor en la calle y se pregunta qué hará cuando
se levante, puede que usted sea un novelista o incluso un filósofo;
un cuentista sólo piensa: ¿por qué se cayó?
ABELARDO CASTILLO, “Las bambalinas del escritor”.








Desde donde estoy sentado puedo ver la Tierra. Hace tiempo que puede verse. No llevo la cuenta desde hace cuánto, pero se ve.

No se lo comento a muchos, porque no quieren creerme en casi nada. Por ejemplo, ayer le comenté a una amiga que cuando nací, nací muerto y me revivieron; y que por eso veo a la vida como algo del pasado y a la muerte como si fuera lo que vivo. Me miró como si estuviera inventando, como si no me creyera. O yo quiero creer que no me cree, no me gustaría pensar que lo relacionó con el deterioro acelerado de mi cerebro por las drogas. Mucho menos me hubiera interesado darme cuenta que no me entendió. No me interesa haberlo entendido tampoco. Yo no soy más especial en nada excepto por lo que fue el inicio de mi vida. Y no espero haberla motivado de ninguna manera por esto. Sólo se lo comenté para que me conociera más. Porque desde acá puede verse a la Tierra y ella no me creyó.



- No veo al cielo desde acá. Eso también es difícil de entender y creer- me dijo.

Cuando escuché esto de ella, me pregunté porqué lo era. Así como se lo pregunta cualquiera que haya revivido antes de vivir, ¿no? Ella sólo vivió una vez, digamos.

Sin ser soberbio, pienso que por eso no quiere creer qué veo o qué no. Y quiero ser coherente en este relato, evidentemente, pero es difícil sin respuesta a cada una de las dudas que aparecen al final de cada duda de ella. Desde donde me siento no puedo creer que quiera aclararlas. No a ella. A mí. Por un lado, me hubiera gustado tener más simple mi visión a las dudas (veo a la Tierra, nada más), y no sentir cómo se multiplican con tanta rapidez.



Me dijo: "Ninguna de las preguntas que te estás haciendo ahora, tiene respuesta." Sonrió con labios cerrados y agregó que si las hay, hay que anotarlas. No necesité más de su escepticismo, para apostarle por mi vida anterior que sí se pueden conseguir. Sólo era cuestión de buscar cuaderno y lápiz.



Ella es muy eficiente cuando quiere y me consiguió dos. Me indicó: "En uno anotá las preguntas, en el otro, yo las respuestas. No olvides de enumerarlas." Se sentó en otra silla y me vio pensar.



En el primer cuaderno anoté una pregunta. Ella la miró de reojo y anotó en el segundo otra pregunta.

-Ésta es su respuesta.

Con toda maldad me pidió que encuentre la respuesta a esa respuesta-pregunta que anotó. No esperó siquiera a que pensara en la siguiente pregunta, así que mi respuesta fue interrogativa también. Al leerla, se rió con una gran carcajada. Ella se ríe como las brujas de películas de terror que veía cuando era muy chico en la casa de mis primos. Su cara es bastante delicada, pero su voz, gestos, movimientos y risa, tienen cierta aspereza. Con mucha brutalidad respondió con otra pregunta. Y yo, para no ser menos, le respondí con otra.



Empezó el juego. Mi amiga esperaba que respondiera (¿o preguntara?) y yo al intentar hacer lo mismo, lo hacía con muchas ganas de encontrar en ella una respuesta que cerrara el círculo. Y de no cerrarlo, encontrarla con ganas y punto. Es así como la escena de una pareja obsesiva me llevó de la diversión a un dolor de cabeza.

Mi prolijo cuaderno engordaba con los trazos mientras el de ella estaba todavía estaba impecable. Cada una de las preguntas se peleaban por aparecer en las hojas y escalonarse en el juego que ella inventó. Cada renglón que completábamos, y cada página que dábamos vuelta, despertaban otro signo de interrogación. En mi cabeza, un ejército de preguntas presionaba por salir, sin esperar a que ella terminara de escribir. Ya no miré su cuaderno. Ella hacía varios minutos que empezaba a responder sus mismas respuestas. No quise interrumpirnos para preguntar si quería comer o tomar un descanso. No quise hacer esa pregunta, y por eso la anoté.

Anoté: "¿por qué no me creía cuando le dije que la quería?"; y luego, en siguientes páginas, "¿cómo es eso que no puede quererme de la misma manera?

En otra carilla, completé, y tal vez repetí varias veces, preguntas sobre qué estaba haciendo acá y qué hubo en su pasado que tanto dolió, y porqué sus ojos están tan gastados que no pueden mirar fijamente a los míos cuando me cuenta de él. ¿Qué siente cuando me besa? ¿Cuándo quiere besarme? ¿Y abrazarme? ¿Qué pasa si mañana se daba cuenta que puede amarme como yo a ella hoy? ¿Cómo no se da cuenta hoy todo lo que quiere quererme? ¿Es miedo? ¿Cómo no lo olvidó? ¿Qué no olvidó? ¿El juego comenzó a aburrirla? ¿Será que leyó estas preguntas y está evadiéndolas por eso dejó el cuaderno a un lado? ¿Será tan malvada como su risa y se está haciendo la dormida porque no quiere responderme? ¿O será que está cansada? ¿No será que se dio cuenta que hay respuestas finales y no quiso anotarlas para que yo me rindiera primero, así no preguntaba más? ¿Se habrá dado cuenta que yo tenía razón en todo, que tiene que creer todo lo que le dije, y que querer querer no es tan difícil de creer? ¿O asumió, de una vez por todas, que la ilusión que tengo es certeza y no una cuestión de haber vivido dos vidas en este lugar desde donde puedo ver a la Tierra?.

martes, abril 21, 2009

Existencialistas



Se despejó el cielo cuando Simona atendió el teléfono a la noche. Lo saludó con su voz ronca y anestesiada, y le hizo saber el cansancio que le daba oírlo por cuatro horas más. Llevó al balcón el teléfono, un banquito blanco y negro, un vaso con agua, los cigarrillos y una caja de fósforos. Una cosa por vez.


Justo cuando se vio cómoda con el cigarrillo encendido, se acordó del cuaderno de canciones que le había regalado. Lo buscó sin soltar el tubo de su oreja, mientras oía muy atenta a la arrogante enumeración de las ideas que ella debía estar apuntando.


Juan Pablo se disculpó por la descortesía de su ausencia el sábado. Ella le dijo que no importó mucho porque no tenía muchas esperanzas de verlo. Su sinceridad innata no excusó el reproche del plantazo, y tampoco sintió picazón mínima al aclararle esto. Pero, sin que el dolor de ella interesara, subió el tono de voz para hacerle saber que ese fue el ultimátum a su trastornada relación.


Sorprendido no objetó; Simona no pudo cortarlo, es más, se puso el teléfono en la otra oreja, lo sostuvo con el hombro y se acercó una mantita porque el viento empezó a entrarle por los botones de la camisa bordada. Y es más, agarró el cuaderno, lo abrió en las primeras hojas y le ordenó que comenzara a dictar. Juan Pablo le preguntó dónde habían quedado. Ella comenzó a leerle salteando partes, yendo y viniendo entre las páginas, y se detuvo para contarle que la pareja que bailaba tango en la terraza de la casa de enfrente, ayer, había cambiado el repertorio. Para Juan Pablo ese dato de chusmerío barrial no era irrelevante. Le exigió que le describiera con detalle qué había visto la noche anterior. Simona limpió su garganta, estiró el cuello y acomodó el teléfono, no sin antes poner otro cigarrillo en su boca.


"¿Cómo que se cortó el pelo?" Fue la única interrupción que le permitió Simona. No hizo mucho hincapié en este vértice del relato, sólo postuló su teoría de que a las mujeres cuando la monotonía, resignación o desesperación las invade, lo primero que hacen es cambiar el look del pelo. También cuando hace calor, y aunque no haya empezado el mes de octubre, es pesado el mediodía últimamente. Sumó unos párrafos más a la alentadora dicotomía hombres/mujeres, antes de sentir que Juan Pablo estaba perdido en un rasposo piano jazzero. "¿Empezaste a tocar el piano otra vez? Me gusta".


Una vez que Roberta fue exhibida en un ajustado pantalón de gamuza gastada, y luego, Gabriel le había pintado los pasos que aprendió en las costillas izquierdas. Y, un escenario de romántico cemento los encapsuló mientras bailaron psicodélicamente al ritmo de una guitarra criolla, Juan Pablo le dijo que iba para allá. "¿Para dónde?" "Para tu casa".


Simona dejó el teléfono en el suelo, sobre el cuaderno abierto, sobre un pedazo de la manta verde, cerca de las colillas repartidas por el patio. Miró por encima de la baranda del balcón y vio la terraza de la casa que está cruzando la calle. No se parece ni un poco a lo contado. Parece que hubiera mentido y que ni Gabriel, ni Roberta hubieran practicado milongas ciertas madrugadas. Los rulos de Roberta no se parecen a las serpientes asesinas de Laocoonte. Y las pupilas de Gabriel no erizaban los vellos transparentes de la espalda de Roberta, cuando ella caminaba delante de él. No fumaban Camel. No es verdad que tenga tan buena memoria para cosas como esas. Y es más, las nubes tapan completamente el cielo porque llovió ayer.

sábado, marzo 28, 2009

La buscabifes

A pedido del público


Vos no tenés nada que ver
con el ardor de mi piel.
Perdoná que sea tan fría,
que no pueda ver más allá del despecho,
pero debo exigir.

Llamame miedosa
y pensá en
qué lindo sería
darme un buen golpe para que me calle.
Después,
decime preciosa,
y acariciá este muslo,
así, como si nada hubiera pasado.
Total mañana,
o uno de estos días,
por teléfono,
vas a despertarme
de mi resaca y a apodarme con cariño
antes del hola.
Triste,
soy la misma que te escucha,
sin pedir nada,
añorando todo.
Doy lástima.

Aprovechate,
hasta que termine mi putrefacción.
No lo sabés,
pero te pusieron
delante de mis anteojos para eso.
Reprimí cualquier idea de amor,
comodidad o resignación.
Cortá mis esperanzas y
la habilidad de soñar
con un vaso de vino,
mientras yo repito tu nombre
en una noche de bar.
Acabame,
como si te gustara.

Al mismo tiempo que
por ser vagos
no nos vamos a nuestras casas solos,
haceme el favor de usar ese tono,
el áspero y gastado de tanto cantar,
y hablá.
Porque tus palabras parecen ser sabias
cuando estoy desnuda,
calman ansías al romance de todo tipo,
crean realidades nocturnas,
logran firmas en el aire
en contratos prolongados de turnos pernocte.
Son tan capaces tus palabras que,
no importa si cae sábado
o viernes,
pueden retener
mis cuatro lágrimas correspondientes de
cada semana.

miércoles, marzo 18, 2009

EL HIGO (cuento tierno)














La prima de mi mamá se mudó en el barrio. Ella y su esposo compraron una casa casi en ruinas, pero que pensaban mejorar con cemento, pinturas, caños y, también pensaban en poner un negocio al lado. A la prima de mi mamá yo le decía "Tía Agustina" Ella tenía tres hijas, a ellas yo les decía "Prima Patricia", "Prima Natalia" y "Prima Beatriz".

Era muy temprano por la mañana cuando mi mamá se despertó para limpiar los cubiertos del día anterior, barrer toda la casa y pasarle un trapo limpio, lavandina y desinfectante a todas las habitaciones. Cuando me despertó para tomar la leche preparada, se puso a bañar y me avisó que íbamos a visitar a la tía, todo esto era para conocer la casa y para que juegue con mis primas, que me extrañaban y que tenían casi todas mi edad. Solo pude preguntarme cómo podían extrañarme si cada vez que me veían me mostraban las chucherías nuevas que habían comprado y que yo no podía tener. A veces eran buenas compañeras de juego pero la mayoría del tiempo eran sólo nenas consentidas. Estaba viendo dibujitos de Bugs Bunny cuando con gritos agudos mi mamá me mandó a bañar. Todavía no había terminado mi taza de café con leche.

En el espejo del ropero viejo veía a una nena de siete años con un vestido azul, de esos que tienen como una pechera cocida, con un bordado de flores anaranjadas en el pecho. Tenía rizos negros, estaban mojados y decorados con una vincha azul y con hebillas de mariposas. Los ojos de la nena eran negros y grandes, y los cachetes rojos. La madre de la nena estaba nerviosa, se movía por todos los extremos de la casa; acomodaba el cabello de la nena, y cometía el error de mojar con saliva un pañuelo para luego pasarlo por la cara. Una típica acción maternal que cambiaba la expresión de la nena. Ella protestaba asqueada poniendo más nerviosa a su mamá.

Caminamos unas tres o cuatro cuadras. Llegamos a la cancha de Boca y caminamos una cuadra más. La casa estaba casi al final. Los restos de material y escombros de la entrada habían ensuciado los zapatos nuevos que me regalon en el cumpleaños, mi mamá cambió la cara con una falsa sonrisa cuando abrieron la puerta, una puerta alta y de madera vieja. La tía me saludó con euforia, habló tan rápido que apenas le entendí que se refería a algo de mi estatura. Pasamos por un pasillo largo hasta un patio grande y de cemento oscuro. Justo en el medio del patio había un árbol grande y casi muerto, pero hermoso, bello en todos sus costados. Desde lejos se escuchaban los ladridos del perro, un ovejero alemán, un poco malo que no quería a nadie. Mis primas tampoco lo trataban bien como para que quiera a alguien, seamos sinceras. De todas maneras, yo lo odiaba. Bobby, perro tarado.

Al final del patio estaba la casa. Había que subir la escalera de madera pintada de diversos colores, todos primarios, con mucho amarillo y mucho rojo. La escalera seguía para subir a la casa de arriba, todas las casas de La Boca son así, todos los conventillos son así, de paredes de madera, de escaleras que dan al patio, de pasillos largos que terminan en el patio. Pero no todos tenían un árbol en el medio del patio, ninguno tenía algo como eso. ¡Qué lindo era!

Mi mamá subió con la tía por la escalera fea y me dijo que me quedara en el patio con mis primas. Ahí estaban ellas, Natalia y Patricia solamente. La otra era más grande, ya no jugaba con nosotras, prefería preparar el mate a las amigas de su mamá y escuchar sus conversaciones. Claro, era chismosa. Natalia y Patricia empezaron a correr después de empujarme y gritar "¡Mancha!". Yo las empecé a seguir, pero siempre hacían trampa y se escondían en el galpón donde estaba el perro o subían una escalera, esas, las de trabajo, de madera y que se mueven todo. Nunca subía la escalera porque tenía miedo a las alturas, y también me horrorizaba ese perro feo. Seguíamos corriendo y se largó a llover con fuerza. Todavía no había tocado a ninguna de mis primas cuando el juego había terminado. De todos modos, me había divertido. Ellas fueron hacia la puertita debajo de la escalera mal pintada. Pero antes decidieron correr hasta donde estaba el árbol y, cada una, le dio una patada fuerte, como si fueran ninjas o algo así. Sentí una enorme tristeza, sentí el dolor del árbol.

Dentro de la pieza de techos bajos, casi como una casa de enanos o más bien, como una casita de juegos, mi prima Natalia me miró con aires de saber mucho y me dijo:

- Se llama higuera, da higos. ¿Comiste alguna vez? No creo que te lleguen a gustar.

Era evidente que nunca había comido higos, nunca había visto higos, y siguió:

- Igual está muerto, no puede dar más higos. Mi papá dijo que lo van a cortar y poner una hamaca en su lugar.

Pobre árbol, pensé. No tiene la culpa de que esté viejo para que lo golpeen de esa manera. Pero no está muerto, yo sentía que seguía viviendo, que me miraba y me nombraba.

Patricia empezó a sacar de unas cajas unas muñecas, maquillaje de juguete, juegos de té y ropa de muñecas. Natalia desplegó una mesita y colocó sillitas alrededor, parecía que íbamos a jugar a la mamá o al hospital. Por la pequeña ventana de la casa de enanos se podía ver a la higuera bajo la lluvia, llorando, vieja y cansada, sin poder dar higos. ¿Cómo serán esos higos? ¿ricos, dulces, amargos, ácidos?. Patricia me ordenó que fuera la mucama, tenía que limpiar y llevar a las niñas a la escuela. Natalia era la maestra, yo también era la kiosquera de la escuela y Patricia, aparte de la ser la mamá era la directora del colegio. Jugamos a que fuera lunes, a que fuera martes, miércoles, jueves, y jugamos a que fuera viernes. Tocaba el turno a que fuera sábado, pero los sábados no hay escuela y había que inventar qué hacer, entonces Natalia sacó de otro cajón una bolsa de bombitas. Estaban todos colores. Ya quería inflarlas. Mis ojos se abrieron de la emoción cuando Natalia las acumuló y dijo:

-Vamos a inflarlas y ponerlas a todas juntas. Así, parecen globos y hacemos que vamos a la plaza con las chicas. ¿Querés ser la que vende globos?

Dije que sí, me encantaban las bombitas, los globos, la plaza. Estaba muy contenta.

Mientras ataba a las bombitas saltando y cantando, vi a la higuera afuera, en el patio, en la lluvia. Me entristecí rapidamente. La iban a cortar porque no daba higos, ¿Qué culpa tenía ella, si no quería dar higos y la pateaban? ¿Y cómo eran los higos? ¿Verdes, rojos, amarillos, como los escalones para entrar la casa?, ¿Como esos feos escalones mal pintados?

Cuando terminamos de jugar Patricia empezó a explotar las bombitas. Natalia la retaba, pero Patricia no paraba de reír con miraba de maldad y, a propósito, tiraba las bombitas al piso para pisarlas. Natalia se agachaba para sacarlas. Ellas empezaban a forcejear y gritar, la mamá gritaba teambién "¿Qué pasa ahí?". Y ellas, casi con miedo, respondían "Nada". En esa distracción pequeña de las chicas, yo corrí hasta debajo de la mesita y agarré una bombita grande y brillante que yo misma había inflado. Era azul. La escondí en mi espalda. La tía volvió a gritar que salgan a saludar a su tía que ya se va, y mi mamá esta vez me gritó a mí que nos íbamos, que me apure. Natalia y Patricia salieron y subieron la escalera colorida rápidamente. Yo me quedé sola en el patio.

Había dejado de llover y el cielo se estaba despejando lentamente. La higuera estaba mojada, y capaz tenía frío. Estaba sola, parecía estar llorando. La iban a cortar y poner una hamaca en su lugar porque no quiere dar higos. Mis primas esperaban en la mesa la hora de la comida mientras veían la tele y mi mamá gritaba, una vez más, que me apurara desde la puerta pero no paraba de hablar con la tía. Siempre hacía eso, me tenía horas en la puerta hasta que terminaba de hablar y después, mucho después, recién nos íbamos. Por eso me quede con la triste higuera, porque conocía a mi madre.

Triste y descuidada, querían cortarla para poner hamacas porque no podía dar higos. La miré en una recorrida de abajo hacia arriba, para cuando llegaba al final, veía el cielo aparecerse. Tenía que cerrar los ojos por culpa de la luz y no podía ver dónde terminaban sus ramas. Igualmente, en una rama baja coloqué la bombita azul que había robado. "Para que juegues" pensé. No quería que esté triste ya que me iba, no ella. Yo ya había sido amiga de un sauce del parque pero la higuera era más callada, menos aniñada, y también, tal vez, era que ella podría saber que la iban a cortar porque no quería dar higos. Tal vez, yo podría saber que no era su culpa, que no la cuidaron. Ella hubiera querido dar higos, sólo para que yo supiera cómo eran, a qué se parecían, si me gustaban. Pero no podía, y no iba a darlos. Tenía que esperar sola sin hojas, sin higos y con una bombita que no era un globo pero que podía acompañarla mientras yo no estuviera. Hasta que de esa rama salga un higo, el más rico, quizás sea azul, y no tengan que cortarla para poner unas hamacas paraguayas.

viernes, diciembre 26, 2008

Los músicos me pueden





I didn't feel a thing
It didn't mean a thing
Look in the eye and testify
I didn't feel a thing

Anything you say, we know you're guilty
Hands above your head,
and you won't even feel me
You won't feel me







(.......:P .............momento pajero)

lunes, noviembre 24, 2008

Autolectura--- respuesta en poesía


Interjecciones


-Querer más o menos.-
Quereres diferentes, diría.
Semirrectas sinuosas que avanzan desde un punto
y se entrecruzan entre sí
indefinidamente.
Risotadas de charlas de hotel.
Hoy me sorprendió la cintura de la luna,
la habilidad de gambetear nubes y luceros.
Nos hizo falta más cariño
para rompernos en un abrazo
ya sin juicio ni perjuicio
ni esos miedos viejos.
Estuvimos juntos porque somos dos enfermos que escriben.
Sos cuentista, hacés demasiadas preguntas.
Soy poeta, doy respuestas vagas.
Y soy vago para dar respuestas.
Ya sabemos que los títulos en las obras pueden ser pasajeros.
-Se cae la noche, escucho Led Zeppelin, mientras, escribo; nada raro-,
dato que sería irrelevante en poesía.
Como verás, yo no verseo:
esto es un cuento en verso,
y qué más da.
Digno de una relación de ficción.
Porque resulta que ahora somos "ex"
y antes no éramos nada.
Tirados en la cama con los ojos cerrados
hablamos y escribimos así las palabras
con tiza blanca en la pizarra del espacio.
-Mirá cuando todos, en vez de ser
semirrectas que viven desde un punto,
seamos todos planos posibles. E imposibles.
En fin, saltar a la 4ta dimensión,
y de ahí a todas las demás,
es sólo como desatar el punto
de ese primer miedo.
Ver en todas direcciones a la vez,
ver así el todo.
No se trata de blanco o negro, la vida es escala cromática.
Que se disuelvan las ecuaciones
en lo profundo del universo.
Un buen jugador sabe que es la pelota la que mete el gol.
Antes pensaba:
-quereme tanto si querés,
yo tanto quererte no quiero.-
Sin miedo a la pérdida,
sino perdemos honestidad.
Ahora pienso que no quisiera que te vayas
del todo de mi vida.
Evolucione esto así mientras se pueda.

Y que el tiempo deshaga entre nosotros
lo que no valga la pena.



Sergio Martín Ammirati

miércoles, noviembre 05, 2008

Cat people




Feel my blood enraged

It's just the fear of losing you

Don't you know my name

Well, you been so long







martes, agosto 12, 2008

Autolectura---partes, partida

1.



Nunca antes tuve la necesidad de tirarme a una pileta sin saber su contenido. Esto ya lo sabías. Tampoco suelo descascararme ante la primera oportunidad. Y de esto, no estoy segura, debés haberte dado cuenta. Sin embargo, no soy hipócrita ni estúpida. Lo mío son las palabras y decir las cosas por su nombre. Simple y breve dictámen que rige mi proceder y que me castiga cada vez que puede. Pero, con vos, me pasa algo distinto. Lográs que piense dos veces antes de hablar (o que tenga que escribirlas, como ahora). Entonces, una mezcla de debilidades me delatan; la timidez e inseguridad me inundan cuando me doy cuenta de lo bien que estoy con vos.

(...)

Sí, no sos todo lo que yo quiero que seas. Eso me dijiste y concuerdo. Por un lado, porque no me pongo a pensar qué quiero que seas, y, por el otro, porque yo tampoco debo ser todo lo que vos querés que sea. Cosa que, no sé, no sé si puedo, debo,o quiero saberlo. No me importa mucho, si tengo que ser sincera. Lo que sé es que estoy muy bien cuando te veo y hablamos. Demás está agregar que me gustás bastante.
No es que trate de justificar lo que parece ser una confesión de histeria femenina. Creo que se entiende que está más cerca de ser una declaración que lo anterior, pero algo de perfume Chanel n°5 lleva.No?

(...)

No sé. Si esto fuera más atómico, te diría que gran parte de todo esto es ese poco de vos que dejaste, casi a propósito, descuidadamente fuera de la heladera. Yo ví algo que rescaté de lo podrido y es una persona autodestructivamente erótica, sensible, tenue, detallista, confiable y perspicaz. Si fuera más pequeña la manera de decirte cosas buenas, diría que me encantás y punto.



2.




(...)

Vos pertenecés a la vereda de los varones que no quieren ser complicados, pero que complican las situaciones por no hacer nada. A mí, eso me encanta de vos, me encantás en un montón de aspectos, me hacés bien en lo que debés y bla. Y no, no te considero un simple objeto sexual.

(...)

No es el título lo que me importa. Es lo que sentís por mí, que hasta ahora sé, no es lo mismo que yo siento por vos, pero no sé bien qué es. No me gusta perder el tiempo en algo que no me va a llevar a nada. Soy simple en esto: Si querés estar conmigo, estás conmigo.

(...)


3.



¿Te hicieron alguna vez ese estilo de preguntas de:"¿Si estuvieras en una isla, que te llevarías?".?
A mí me la hicieron con qué cinco películas me llevaría. Y sin repetir y sin soplar dije: La trilogía de Volver Al Futuro ( que cuente como una); La naranja mecánica; ET; Pulp Fiction y Forest Gump. Claro que algunas suben y bajan de rangos dependiendo de mi memoria, de mi humor y de mi sutil pérdida de tiempo en el que pienso y analizo, también enlisto y bla blala.

(...)


4.



Insisto en un alto grado de patético orgullo escribiéndote con vomitiva impulsividad.
Anoche la locura no me dejó hilar todas las ideas que tenía en mi cabeza desde hacía días. Y, en un juego malintencionado del inconsciente, soñé con vos. Me acordé al levantarme, pero a la mañana ya había desaparecido todo menos la sensación de "debo". La responsabilidad no es mi mejor cualidad, y el verbo "deber" suele asustarme.

(...)

Imaginate este escenario: Yo, vos delante mío (sin abrazarme porque el frío de los hielos quema), detrás tuyo, la pared. Mirame a los ojos (aunque puedas mentir así, no lo hagas) y escuchá mi voz. Yo te digo: "Te va a sonar de gran impertinencia que pueda afirmarte que te conozco más de lo que quise hacerlo. Sé que hay siete personalidades más en vos, pero a mí me gusta la original, la que nunca sale a la luz. Si no estoy muy distraída, logro verlo, creeme, y me liquida inexplicablemente por dentro. "
Te va a sonar como una gran estupidez lo que sigue.

(…)

"No sos un pelotudo, no del todo. Tu teoría del corazón cerrado como persiana de telo y tu pose, poco creíble, de la vida de eterna dolencia, me limitó a mantenerme en esa línea de los "veremos, hablamos, tal vez" y ser más que paciente.

(...)

"Manteniendo la rima de verdades, me comporto como soy; impulsiva, sensible, temperamental, contradictoria ¿porqué no? Como nunca lo hubiera hecho con alguien como vos, como no puedo serlo cuando estoy con vos.


(…)

"Sí, entiendo que estuviste tan herido como lo describen tus versos.
Tus penas te hidratan de tal forma que la sed de los momentos se satisface sola, aún cuando no llueve. Yo, al costado, en alguna cama, te aplaudo.
Vos, entendeme en esto: yo también sufrí como una RECONTRAHIJADEPUTA, también callo y no asumo responsabilidad en mis malestares. Y así con todo, intento hacerte bien. Hasta que vos me parás el carro. ¿Con qué fin? No importa, lo intento, yo quiero que estés bien. Más pretenciosa puedo ser y decirte que quiero ser parte de tu bien. Soy inoportuna, no es el mejor momento, pero, muchachito apuesto, me importás mucho.
(Andá al baño, prendé un pucho, buscate un trago o un faso, etc.)

(…)

"¿Qué quiero yo? Yo quiero tu cariño, tu respeto, tu admiración... Tratame bien, no excelente, sólo bien, como se debe.

(…)

Ahora podés dejar de leer. Voy conectarme cinco segundos, enviar este mail. Después prenderé un Camel. Estoy muy despierta esta noche, por si querés llamarme. Como podrás notar me agarró como un click por escribir….mmm...escribir mails.

Te quiero mucho

5.

¿Qué decirte? Estoy algo desconcertada.

(...)

Sin más, te besa acá la mina de Boedo(;P)





6.


Sin títulos, ni facultades de alguna índole, sólo con la objetividad del aprecio, de la mano de la admiración, luego proyectado en el cariño, me dijiste, alguna vez, que mi mejor literatura era la epistolar. No concuerdo en esto, pero sabiendo que de las pocas cosas que te gustan de mí, una son las cartas (vía electrónica), te escribo.

No son muchas las cosas que aprendimos del otro. Yo aprendí a escuchar aunque no quisiese; a despreciarme por completo para, acto seguido, encontrarme con mi yo cubierto y, luego de conocerme por obligación, darme cuenta que nunca me había querido. Aprendí que soy digna de querer. Fue de una manera cruel, más real, nítida, palpable. En fin, reconstruyendo nuestra historia, o mejor dicho, construyéndola, comienzo por agradecerte.
A la distancia sos despreciable para muchos (usé un adjetivo fuerte la otra vez, y solés recordar literalmente cada una de estas impresiones, más si se tratan de vos, más si son malas), pero para mí no, lo sabés, en la lejanía sos querible un grado más que en la cercanía.(Sí, estás por enterarte de nuevo qué coños siento, aunque no te interese porque no lo preguntaste, quiero contártelo igual, de nuevo)

(...)


Referente a todo lo anterior es mi agradecimiento. Quizá nunca saque un libro para dedicarte, o, quizá, es que ya estoy adaptándome a no extrañarte. No sé si nos seguiremos viendo el resto de nuestras vidas. Surgen proyectos en todo momento, pero nada se concreta. No sé si lo nuestro será cosa de una vez cada tanto. Menos idea tengo si se esfumará cuando miré para el otro lado.
¿Me ves bien?, digo,¿contenta? ¿cambiada? yo a vos sí. Te veo muy bien,con color, lindo, alto no, no miento yo,y a veces envidio eso. ¿Yo, lo logré?, ¿supuro eso? en parte no, vos, estás enamorado, y ese perfume tiene otros aromas.

(...)

(...)

Por eso, me quedé pensando en lo que no dije. Normalmente, rutinariamente, te llamaría y madrugaríamos divagando en una sección digna para nuestro programa (imaginario) de radio. Pero como me convulsioné delante del teclado, te lo transmitiré así. A ver si así me siento más útil.
(...)

(...)te transcribo algunos fragmentos de CARTA ABIERTA A MI FUTURA EX MUJER de Dalmiro A.Sáenz:

"Todos queremos tanto y todos somos querido, ¿cómo vamos a pretender que esas maravillosas fuentes de vida mueran ahogadas en nuestro miedo?Teilhard de Chardin dice que el único pecado del hombre es el miedo de amar. Y vos ¿qué decís? Si la gente fuese totalmente sincera aceptaría que a casi todos nos gusta la libertad amororsa para uno pero no para el otro.
¿Vos pensás que la libertad amorosa consiste en que nos acostemos con quien se nos da la gana?
Acertaste. Es exactamente eso. Acostarnos con quien se nos da la gana. Pero con quien se nos da la gana, no acostarnos porque se nos dio la oportunidad o para apuntalas nuestra autoestima o por venganza o por cualquiera de eso motivos que la represión sexual ha engendrado.
Curiosamente, o nada curiosamente, las parejas que disponen de verdadera y total libertad sexual pocas veces la ejercen."
Está bueno. Te pongo otra parte y me voy a dormir, porque tengo sueño.
"Yo voy a empezar por decir que no odio a los señores esos que te quieren coger, pero tengo que admitir que a pesar de no tener celos sexuales tengo celos de tu amistad con ellos, del puente de afecto, de la ternura o cariño que podrías tener por alguno de ellos, y quiero que me ayudes a vencer esos celos."

Una ternura, ¿no?

(...)

Ahora, sabiendo que te quiero muchísimo, sabiendo que estoy superándote y queriéndote fielmente más que antes, sin obviar las necesarias dudas de nuestra amistad, te aconsejo: disfrutá y cuidá, aunque veas que puede ser efímero y dentro de lo común, como la rosa del Principito.

<<(...) - No anotamos las flores-dijo el geógrafo. - ¿Y por qué? ¡Es lo más bonito! - Porque las flores son efímeras. - ¿Qué significa "efímera"? (...) -¿Pero qué significa "efímera"?-repitió el principito, que nunca en su vida había renunciado a una pregunta una vez formulada. -Significa "que corre peligro de desaparecer próximamente". -¿Mi flor corre peligro de desaparecer próximamente? -Claro que sí. "Mi flor es efímera-se dijo el principito- y sólo tiene cuatro espinas para defenderse del mundo! ¡Y yo la he dejado completamente sola en casa!"(...) (...)Y luego añadió: "Yo me creía rico por tener una flor única y no poseo más que una rosa común. Esto y mis tres volcanes, que me llegan a la rodilla, uno de los cuales quizá esté apagado para siempre, no hacen de mí un gran príncipe..." Y, tendido sobre la hierba, lloró.>>
(...)


(...) No creo que nadie pueda entenderme en esta elección. (...)

No me jode

















Ya no me duele que me hayas
dicho que estás bien. Tampoco
que te importo.
Ya no me dan ganas de llorar
por hoy,
que es domingo y hay
ausencias en una plaza
melliza de Almagro.
No me molesta el mate
que no tomo,
o tu voz cuando perdí ese beso.
No me apena no pensar
en cosas tristes
o en el amor.
Bailo en el agua
hace unos pocos días,
canto tu canción
bajo un sol escurridizo.
me abrigo en esta playa,
cubro toda la piel con su arena y
me olvido que no son tus manos.
No me duele,
no me lastima,
no lo sufro,
no me jode tanto saber que se terminó.
Sólo me duele que seas vos.

Colonia

Yo, sumergida
en tu agua tibia de libertad,
cicatrizo heridas leves,enfrío el ardor de mis pies
y busco mi casa por allá.
A cada rato miro ,
por momentos,
entre ellos respiro
y no la veo.
Una nube, o un perfil patriota,
la esconde.
Me acerco y me alejo,
pero no hay caso.
Me pongo inquieta,
olvidadiza.
La orilla,la ropa
las considero perdidas.
No estoy, no existo,
no quiero y se hace de noche.
La profundidad está próxima,
el nivel sube
sobre los dibujos de mi cuerpo,
y ya que me sobra tiempo,
cometo el crimen de ahogar
todo trazo que tu boca
subrayó en mi cuello.

sábado, noviembre 17, 2007

Palabras de libreta

Es algo más
y sabe al matutino café negro.
Renazco,
me gano dos pases
a la belleza de tus palabras,
repartidas con desinterés,
amontonadas en libretas pequeñas.
Me rehabilita,
certifico un saludo cruel
de despedida,
en el mudo deseo de todos los días.
Te escucho,
perplejo por mis interpretaciones.
Te intriga saber si mis lágrimas
son de verdad.
Si mi cariño tiene acierto.
Me admirás,
yo admiro que no admitás
que mi lugar está
mucho más abajo, más al costado,
más atrás.
Me aferro
a todas tus confesiones
pero retengo, en un sueño,
la expulsión de los debo y los creo,
que me regalaste insomne.
Estuviste, al menos.

sábado, noviembre 10, 2007

Stand by

Leí en una revista algo subestimada llamada Cosmopolitan una nota de algo que tiene que ver con mi situación amorosa actual. El título era "Relaciones Stand By", y después de un test cuasicientífico y de varias observaciones con testimonios incluídos, y entrevistas a especialistas, llegué a la conclusión que literatura como estas sólo me hacen querer ser menos estúpida. Sí, todo lo que me pasa a mí no necesita de respuestas mágicas. Sí, es mi culpa más que la de él. Sí, lo voy a ver mañana, si el tiempo apremia. Sí, no espero que la realidad se parezca a mi deseo.
Todas repuestas a preguntas que nadie me hace.

Estoy bajo un techo alquilado; fumando un cigarrillo cancerígeno y pensando en él.
En esta semana hablé horas prestadas de la madrugada con el teléfono, objeto que me regala una voz grave y gastada que no me dice te quiero. Que quiere verme para que curtamos, que le importo hasta el punto que lo haga amarse más a él mismo, no hacía falta decirlo, yo estaba a un segundo tardío de decir lo mismo. Pienso cuerdamente que ese tipo de personas tienen que quedarse solas. Pero resulta que no soy muy corriente con la normativa y la razón, y resulta que soy parte de ese tipo de personas. Igual hay cariño. Él quiere y no quiere que se lo reconozca. Yo no le hago caso ni a los especialistas dudosos de la revista de mujer, y , tampoco a mis conocidos, porque ya me cansé. Mi amistad con este muchacho arrabalero, me pierde en un círculo que fabrico para no sentime tan razonable. Hago caso a mis estados de ánimo, a mi corazón, a mi cuerpo, y lo llamo para confirmar nuestro encuentro... no responde...

jueves, junio 28, 2007

Pequeña fábula arrabalera

La lagartija tanguera posa despreocupada sobre el césped prohibido de una plaza vespertina. Silba ese tango que conoce, pero no dedica a nadie. No abre los ojos, teme quemarlos al ser el objetivo fácil de un amor ingrato. Es desinteresado, nunca negativo, el modo en que el sol regala a todos su calor y, en ella, hace mover lentamente la sangre congelada de su corazón.
Se despide de su estrella imposible, y con paso atento, se dirige a su departamento ferroviario. Tiene un compromiso, compartir su emborrachado conjunto de anécdotas sobre colas perdidas en batallas amorosas, con un gato casero y extraviado que apenas conoce.
Delicada es la amistad de estos personajes. La lagartija, sobre una baranda, le suelta historias detalladas: cómo llegó a la ciudad, cómo cambió su piel, primero fue naranja, luego verde y finalmente algo de gris. Una mueca fibrosa pone punto y aparte. Se estira para alejar su sombrero del viento. Ya había sido traicionado así.
El gatito no callejero la escucha con esmero mientras lame alguna herida de su pata. La lagartija no termina su monólogo porque sabe que esa actitud de poca concentración es parte de la naturaleza del gato. El gato, mal cicatrizado, sabe que esa mirada paralizada al final de cada reflexión, es más que natural del reptil.
Desde lo alto de la ciudad, el ojo delineado del gato pinta a su compañera que, por momentos, mira hacia el este y extraña cierto ardor. Ella no nota tal observación, simplemente entona otro tango, y lo hace sin melancolía, con algo de resignación, pero con mucha alegría. Tal es la conmoción del color de vino tinto que absorbió la boca cantante que el gato, sin pedirlo, toma con sus mullidas patas el abrazo de piel áspera. La ironía de la espontaneidad les da una oportunidad poco creíble. ¿Será suficiente el calor de su especie, o el pelaje morocho de su cuerpo, para entibiar el frío corazón de un reptil?
La lagartija llena de paz se acobija sobre el cuello felino. El gato deja su egocéntrica lamida y choca su rasposa lengua contra una cresta asimétrica. Estos, unos últimos movimientos antes de acomodarse y, luego, caer dormidos.

jueves, mayo 24, 2007

Un poco de amor NO francés

Tenía que ser casi casual. Tenía que ser sábado. Tenía que ser distinto. Tenía que ser un horario diurno, casi las nueve de la mañana. Tenía que dejar de hablar y escuchar sus dientes mordiendo mi labio inferior. Tenía que sentir frío de casi invierno para después sentir calor de casi invierno.
Tenía que viajar en un 96.





De esa miel no comen las hormigas...

jueves, marzo 22, 2007

Si no lo digo, no preguntan;si no lo muestro, no se nota.

Lo tuve, lo saboreé, me llené y lo tiré como si no valiera nada. Después, atormentada ( de la muerte solitaria, quizá) lo busqué y estaba justo donde lo olvidé. Entonces, lo cuidé y pedí perdonames de mil y una formas. Luego, el compromiso confirmado y la luna de miel... un segundo de ceguera y dos minutos después... abro mis ojos y lo veo: salió por la puerta, me tiró sus navajas y desapareció. Yo, bajo la ducha y en shock, me corto con sus despojos y... la sangre y el agua y el ardor, mi piel supurando y el "no-volverá".

jueves, marzo 08, 2007

Es de mujeres




Hice la locura de intentar todo para tenerte. Para que llames, para que me extrañes.

Tuve la cobardía de pedirte un poco más; la patética petición de que te quedes una noche más y que repitas "te amo" infinitas veces. Por lo que hubo, que fue hermoso. Por ese otoño, donde la lluvia se callaba al escucharnos reír. Por esa foto, la de tu espejo, que venció el paso del tiempo. Por esta piel, tajada, hinchada, podrida de mis muslos, que reconoce tus dedos y se adormece con la sequedad de tus labios. Por lo que te voy a extrañar, necesitar y por lo que me falta llorar. Por todo esto, ahora descanso. Esta mañana el suspiro entrecortado es interminable, pero mantiene vivo los pulmones, que anteayer quisieron abandonar sus funciones para que la calidez de tu cuerpo dormido despida al mío sin saberlo.

martes, enero 16, 2007

Apostar a lo seguro

La franca cobardía
de negar lo evidente
te deja en veremos
con un beneficio
que nunca es cierto
porque apenas
es la suerte de esquivar
sus riesgos.

Triunfar ante
la imposibilidad,
perseguir la arena
cuesta el sueño
tus verdades
y a veces también
quedarte en un cielo
que no habita nadie.

No atreverse a ir
contra los pronósticos
no te salva del fracaso.
Es un simple atajo
para los que no
merecen nada
y están condenados
al lento exilio del amor
y la esperanza.


ISAAC ANDRÉS CASTRO de Brillantina

lunes, diciembre 18, 2006

la tarde es calurosa

Lista a reproducir:

- beck-everybodys gotta learn sometime
- lou reed -perfect day
- no doubt-don't speak
- pulp - disco 2000
- radiohead -fake plastic trees
- los piojos -ando ganas
- culture club -do you really want to hurt me
- catupecu machu -entero o a pedazos
- blur -the universal

viernes, diciembre 15, 2006



La lenta máquina del desamor,
los engranajes del reflujo,
los cuerpos que abandonan las almohadas,
las sábanas, los besos,
y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo,
ya no mirándose entre ellos,
ya no desnudos para el otro,
ya no te amo, mi amor.




[Julio Cortázar]

miércoles, octubre 04, 2006

3 de octubre

Preocupada por el retrazo de la correspondencia. Ya lleva una semana de atrazo.
No es que quiera que me escribas, con que me extrañes unos minutos a la noche, me conformo.
Te imagino sentado en el escritorio de tu habitación angosta, intentando escribirme, sin poder dejar una lìnea de tinta en el papel amarillo. Es un poco de miedo, yo por eso no lo hago, porque mis negros ojos asustan.
Tampoco me animo a escucharte, porque tu voz es pasiva y al llamarme, me vuelvo algo tonta, algo inquieta. No me llames.

martes, agosto 22, 2006

Cuentopo III



El baile







Rápido y lento es tu baile. Vulgar y sensual, tu movimiento. Tus piernas tienden a estar alrededor mío, pero ahora bailan y se están alejando. ¡Cómo las necesito! No son largas, no son finas, no son suaves pero son tuyas y se mueven así. Valiosa es la luz que juega con la oscuridad de afuera y ofrece tus hombros a las sombras. Siempre serán hombros perfectos, delicados y jóvenes.

Mañanas en tu ombligo femenino. Mujer de panza fría, mujer desnuda que baila y que festeja estar enamorada.

Un sueño desaparecido de mi cansancio, de mi agotador día, y de tu baile. Tus negros cabellos saltan y golpean tu cuello, golpean tus orejas. Cada cabello es del color de la sombra bajo tus ojos, cada cabello levita eternos segundos mientras bailás. No me bailes, no me mires. Caminá hasta la repisa y dame tu espalda lastimada; date la vuelta y dame tu culo alejado del sol. Mujer desnuda que dejó de bailar y encendió un cigarrillo. Mujer que se menea cuando escucha a John y a Paul; mujer desnuda que estira los brazos mientras se mece en la silla. Mujer que desnuda fuma, se levanta y vuelve a bailar.

Estás de frente y detenés tu baile, apenas te movés. Estás revuelta en rulos negros y largos, rebeldes. Mujer, ¡dejáme ver tu vientre,oscura musa de artistas! Quiero verlo así, apenas moviéndose.

Respiro fuerte, antes que enciendas otro cigarrillo y empieces a moverte expedita otra vez.

Mujer, de tus bailes soy sólo un espectador. Tu quietud es la tormenta; el trueno, tu áspera voz. Mujer que baila desnuda, bailáme sin cobardía, así como lo estabas haciendo.



Cuentopo II

Reconciliación





"Tengo mesas, tengo sillas, tengo macetas, tengo sofá y sillones. Tengo empapelado de flores, de ositos, de nubes. Tengo la pieza pintada de naranja pero la cocina con azulejos azules. Tengo una panera barnizada sin pan y un budín para hacer. Tengo cortinas, tengo ventanas con vidrios limpios, tengo ropa mojada en la terraza, y ropa seca en la tabla de planchar. Tengo ropa planchada sobre la cama, ropa para guardar en el ropero. Tengo ropa para usar, ensuciar y después lavar dentro del ropero. Tengo ropero.
Tengo el teléfono pinchado, tengo cable robado e internet gratis. Tengo luz y gas. Tengo zapatillas rotas, y la camisa nueva".

Pensó Marisa después de marcar sobre los cuadraditos que encabezan a las palabras ordenadas, una arriba de la otra, en la lista. En otra hoja empezó a encolumnar otros deberes. Marisa siguió pensando.

"Tengo que ir a la peluquería, tengo que comprar cuchillos, tengo que lavar vasos y tenedores, tengo que limpiar la cocina. Tengo un ramo de rosas en la cocina, la tarjeta aclara que lo mandó Miguel porque... bueno, él es muy inocente, y también muy celoso. Tengo el recuerdo de una escena de celos, tengo un escándalo, tengo varios montones de 'perdonámes' y varios montones de ramos de rosas rojas que marchitaron. Tengo el arrepentimiento de Miguel, y otra vez rosas, tengo el llanto de la culpa. Tengo una bolsa llenas de tarjetas y cartas, tengo otra bolsa llena de' voy a cambiar'. Tengo peleas, y listas de cosas que hay que cambiar. Tengo chocolates y flores en la cocina. Tengo novio y más flores. Tengo un novio celoso y tengo que esperarlo. Tengo un novio que no me escucha y tengo rosas rojas, tengo rosas grandes, tengo rosas lindas, tengo que esperarlo, ya está retrazado. Tengo doce rosas rojas, grandes y lindas en la cocina... pero, no tengo florero".







Cuentopo I


Los Juancitos



En toda la mañana no se sintió ni una brisa tibia. El verano era intenso, tanto que se podía ver en el horizonte de esas calles en subida el calor que quemaba el asfalto. Pero después del mediodía empezado, el clima parecía cambiar. Un remolino de viento apareció cerca de Retiro y levantó basura, volantes y las polleras de señoras cercanas a la vejez. También tiró una carpeta azul al cordón de la vereda de Avenida San Martín; la dueña de la carpeta empezó a insultar a los cuatro vientos, y uno de ellos respondió ofendido, robó sus hojas de dibujo y empapeló la cuadra. Algunas escaparon y volaron hasta el pimer piso de un edificio de la misma cuadra .

El reloj de la habitación marca las tres de la tarde, en esa habitación la madre duerme, y en la sala Juancito mira la televisión. Las puertas del balcón se abrieron tan bruscamente que asustó a Juancito. El viento corrió el flequillo largo que tiene Juancito sobre la frente y un par de hojas entraron a la sala, bailaron sobre el niño, descansaron en sus manos. Juancito las miró, tenían caras, frutas, paisajes. En una de esas hojas había una casa con las puertas abiertas. Ese dibujo llamó la atención de Juancito, observó que las puertas eran del tamaño de las paredes, el cielo era lila y no había suelo. Juancito eligió ese papel y lo llevó a su cuarto. En la pieza tomó sus crayones (tenía esa cajita de seis crayones desde los reyes magos, su color preferido era el violeta). Se tiró en el suelo y empezó a dibujar encima de la casa sin paredes, encima del cielo lila.

La pava para el mate ya estaba lista, un zumbido despierta en la cocina, la madre de Juancito sale corriendo desde el balcón, trata de correr con sus talones levantando los dedos recién pintados, cada uno separado por algodones. En la cocina, prepara un vaso de chocolatada instantánea también. Mientras la revuelve, saca unas galletitas dulces de la alacena y después grita para que Juancito vaya a tomar la leche. Al rato se acerca Juancito, camina serenamente con su dibujo en la mano. Lo pone a un costado de la taza, su mamá lo mira y se sorprende al ver la casa tan bien dibujada en contraste con las líneas gruesas y violetas,líneas con el estilo que tiene Juancito. Sonríe cautivada por la simpleza de su hijo, lo mira con esa expresión en la cara que ponen las madres cuando parecen tristes pero están conmovidas.

- ¿Qué hacés en tu pieza con el calor que hace?
- Afuera hace más calor, mamá.
- ¿ Y ese dibujo?
- Es Juancito.

La madre intranquila hace una mueca con la boca y sigue tomando su mate. Juancito termina su chocolatada, agarra un par de galletitas, las que vacilan resbalarse de las pequeñas manos, pero se las arregla poniendo el dibujo bajo la barbilla y ayudándose con los hombros. La madre comienza a crear una teoría, casi en voz alta, piensa que su hijo tiene más inteligencia que otros nenes. Segundos después, teme que lo que a su hijo le falte sea la misma inteligencia, y segundos después de esto empieza a hacer asociaciones. Se da cuenta que la imaginación de su hijo hace nombrar a toda cosa con su propio nombre; recuerda la tortuga que nunca más apareció, se llamaba Juancito, el gato que quedó en la casa de los abuelos también, su elefante de peluche fue bautizado como Juancito, y a cada insecto que Juancito adoptaba les llamaba igual que él. Ríe, como quién lo hace cuando descubre una picardía de un niño.

"Quiere un hermanito", piensa la mujer. La semana pasada se lo pidió para su cumpleaños. Pero se sabe muy bien que hace dos años se separó del padre de Juancito, y Arturo, un amigo del trabajo, no la toma muy enserio, además es más joven que ella. Muy en el interior, ella también quiere otro hijo, otra hija, pero también quiere a Gonzalo. La madre de Juancito piensa en cómo lo conoció, cómo hubieran sido las cosas si no la hubiera engañado, pero una infidelidad no se perdona, y concluye que muchas cosas de la vida son tristes pero si pasan, pasan por alguna razón. Suspira con desgano y toma su último mate. Haciendo malabares vuelve al balcón con una revista que tiene un test titulado: " ¿Vivís en el pasado?". Dio vuelta la hoja y se puso a leer una nota sobre las uñas bien cuidadas.

Juancito dibuja toda la tarde, no se cansa de pintar el techo de la extraña casa. La madre coloca sobre su hombro un bretel caído antes de retomar quehaceres de la casa. Sin querer, casi rompe una hoja al tropezarse con sus ojotas viejas, no se cae, pero alcanza para que Juancito pida socorro por Juancito. "Lo vas a matar, mamá". El niño mete entre sus brazos y el pecho a la hoja, mira a su madre. Sus ojos parecen culparla de algo terrible. "Estuviste a punto de cometer un crimen". La madre no entiende nada, callada escucha a su hijo escandalizado. Él, enojado corre con su dibujo a su cuarto.

A la noche, ya muy tarde, la madre no podía dormir, le preocupaban las facultades que su hijo parecía mostrar. Y la curiosidad de saber qué era Juancito, la llevó al cuarto del niño. Juancito seguía dibujando, ya no en la misma hoja, el cuarto estaba lleno de hojas con trazos violetas. La madre de Juancito quiso retarlo por estar tan tarde despierto, pero no pudo. Le pidió ver un dibujo. Juancito le mostró el que tenía sobre la cama con desconfianza. El niño observó cómo las cejas de su madre se levantaron, enseguida le preguntó: "¿qué te parece?". La madre de Juancito sólo distinguió líneas, muchas líneas violetas, parecían formar una catarata. Después lo devolvió y lo felicito: "¡Muy lindo! Juancito se parece a vos". Juancito se puso serio, mirando detrás de su flequillo el dibujo y la cara de su madre repetidas veces, dijo: "¡No! Este no es Juancito. Son las lágrimas de Juancito."


viernes, julio 28, 2006


My reflection, dirty mirror
There's no connection to myself I'm your lover,
I'm your zero I'm in the face of your dreams of glass
So save your prayers
For when we're really gonna need'em
Throw out your cares and fly
Wanna go for a ride?


(Zero- The Smashing Pumpkins)

viernes, julio 21, 2006

Azúcar o edulcorante

A veces tengo la sensación de que no puedo escribir cosas hermosas, porque no me suceden cosas hermosas, o no las veo. Me engaño diciéndome que soy libre y joven (joven ¿Comparada con quién?), pero de cerca se nota tu libertad y está un poquito alejada de mis manos. Me encadeno a la vida del libertinaje, y el viaje es costoso.
Llegué a lastimar a muchos o a uno, eso no importa, pero lastimé. La sensación es desagradable, opresiva, es como estar a punto de ahogarse en una bañera. Igual, el primer momento no se presenta de esa manera, hasta parece natural, y es su inversa exacta. Ya cuando el éxtasis está por salir por las fosas nasales, lo barato es gratis, está lejos de una bonita canción. Me deshidrata y raspa.
Cuando los ojos se pierden en los párpados, la vista se encuentra entre lo borroso y lo opaco, querés gritar, y los metros de distancias se te pegan en las palmas de las sudorosas manos, yo me río sin parar y después lloro. Las lágrimas corren por mis costillas, justo al costado de mis tetas, las cadenas empiezan a estirarse y asfixiarme. Una gruesa cadena está en su cuello chupando el sudor y la excitación, está a punto de terminar. El clímax se convierte en arrepentimiento, a veces culpa. No deja de ser clímax. Su dependencia, mi dependencia a aquello. No aprendo a apreciar, no aprendo nada. ¿Dejé de sentir? ¿Ahora lo aborrezco? Pero si lo amo... Si existen pupilas que lo hacen respirar. Y... aun así..., aunque hace mucho dejaron de sonreír, algunos, eso fueron labios rosados, no hubo otros que me hayan gustado tanto.No es algo que no se haya dicho ya, cuando se habla de la luz, de la luna, de los gritos, de la poesía del amor y del latir de un corazón. ¿Y si te digo que no es así y es así a la vez? La tentación oprime y es más alcohólica que el desayuno de mi abuelo, es música sintetizadora, es el humo del tabaco que sale de mi boca. Sus ojos rompen esa cadena de mi cuello. Parece que nunca haya existido. Ni ayer, ni aquella semana. Es difícil dejar de caminarlo... aún no sé cuál es la verdad. Incertidumbre de vida nocturna que tiene un sabor delicioso.
Lo dulce deja de ser dulce y asquea. Se vuelve pegajoso, con hormigas que extirpan cada parte y lo dejan enfermo. No quiero estar enferma y mucho menos con aires de confusión. Quiero sentir que hay ojos y lunas, un latir en mi corazón, una luz entre mis muslos. Quiero sentirlo todo, decir que son hermosas (sé que lo son), quiero escribir en mi cuaderno de hojas finas, darme cuenta que no es tan difícil escribir cosas hermosas si se tiene hambre en la mitad de una madrugada llena de mosquitos y se está más que enamorada.

lunes, junio 19, 2006

Triste

Llora la mujer a la noche. Cree que nadie la escucha pero esta casa no tiene paredes. No puede dormir porque lo extraña. Tiene miedo de olvidar su cara, por eso agradece las fotos, aunque quisiera que se animara a escribir una carta. Por un lado, sé que no perdona las distancias, tampoco al tiempo que no quiere detenerse. Por otro, tiene comodidad, y las peleas desaparecieron poco a poco.Es bueno escuchar una tierna poesía, más al despertar de un domingo, después extrañar más.

Envidio su resistencia, poco entiendo del tolerar, poco sé del amor, nada conozco de mis padres.Sin embargo, hay algo que me responde: un beso en una terminal, el último que se dieron. Se convirtieron en chicos en la playa. Es marzo, las vacaciones terminaron. No saben si el próximo verano los encontrará, o si el invierno eliminará todas las conexiones y las probabilidades. Es bueno enterarse de poco.

La escucho llorar en las madrugadas, piensa que nadie la escucha. Yo sí. Tengo miedo de ponerme en medio de su tristeza. Prefiero q llore sola.


martes, junio 13, 2006

Mente masculina en un párrafo

Jugabamos a "Verdad -Consecuencia", fue en ese momento cuando dejé de considerarla como a una nena. No podía verla sin me que excitaran los empinados pechos recién nacidos sobre el torso de Ludmila.
En la cuarta ronda del juego (¿O fue en la tercera?) me tocó a mí elegir entre decir o hacer. Yo, muy tímido para besar a alguien o actuar cualquier escena como lo hicieron los otros, tomé la opción de revelar algún hecho con la pura sinceridad que obliga el cumplimiento de las reglas.
¿Por qué no se me ocurrió decir la verdad? No lo sé. No había nadie que supiera que mentía si mentía. Tal vez creí que me hubiera delatado la sangre que subió a mis abultados cachetes por la vergüenza de revelar si alguna vez tuve una erección. Claro que la tuve, pero en ese momento con once años recién cumplidos no podía decir que no y tampoco podía afirmar ningún hecho. Me puse colorado, y apenas pude llegar hacia la parte donde estaban los adultos antes de escuchar carcajadas y acusaciones del tipo "pervertido" y hasta la palabra "pecador".
Hoy eso ya no me detiene, el pudor no me conmueve de ninguna forma. Cada vez que puedo me aprovecho de esa fama de pervertido entre mis amigas, las chicas de Palermo y saco alguna ganga de menos de 30 pesos.

viernes, junio 09, 2006

El expatriado

En el locutorio de un pueblo que toca el Mediterráneo, hay un reloj antiguo que parece extranjero y que tiene un raro color bordó. Se puede ver desde la puerta que son las ocho de la noche y que desde esa misma puerta entra un hombre moreno, robusto y de pequeña estatura.

La primera cabina se desocupa, varios hombres la piden, el señor cubierto de material espera. Es viernes y todos terminaron la jornada laboral. A esta hora de la semana se siente la soledad. El hombre moreno había firmado sus papeles la anterior semana, entreba a una cabina para contar las nuevas noticias. Mira una patallita color verde que señala el tiempo, el dinero y el número del destino. En dos intentos logra comunicarse con su mujer, y la pantalla sigue aumentando el tiempo, el gasto no es tanto, y el número lo conoce hace diez años, pero tiene que agregar algunos más por delante, un dígito que regala una voz del hogar que lo espera. Sabe que en su casa recién comienza lattarde y algunos de sus hijos no volvieron del colegio, pero su mujer no trabaja después del mediodía.

El frío de ese invierno es soportable cuando un vino lo acompaña en la cena. Ahora está solo, el primer año tenía dos compañero. Ambos de distintas nacionalidades, un ecuatoriano y un muchacho de Colombia. Ellos también usan el locutorio, pero van los sábados. Uno llama a su madre, ella quiere estar cerca de su hijo y le contará que tiene el pasaporte, sólo le falta la plata. El otro, el más joven, tiene la facilidad de conocer las nuevas tecnologías, por eso chatea y puede ver a su novias en un cuadradito al costado del monitor.

Los distintos aromas, acentos y colores que inundan la estación se mezclan y entran al local de teléfonos. El hombre moreno lo siente, tal vez busca algo familiar cuando levanta su nariz aguileña. Su ojo lagrimea, con un pañuelo lo limpia cada minuto, porque no es el llanto triste que lo invade en su pecho. Tiene un mal que es solucionable con una operación, nunca la hizo. Se limpia antes de dormir, a la noche llora, extraña. Su compañero ecuatoriano a veces podía dormir, pero las primeras noches la tristeza lo despertaba co desesperación. La amargura traspasa la barrera del sueño, envuelve el descanso, lo tortura.

En la mesita están tres pequeñas fotografías, sus hijo y en dentro del libro una foto de su mujer. Estágastada, la sacó en el parque de diversiones, la primera vez que salieron como novios. Ella ríe y sostiene una nieve de azúcar en su mano. Tiene pelo largo.

El hombre moreno habla hasta las nueve y media. Se despide y avisa que mañana volverá a llamar, manda saludos, le dice que la ama. A las diez menos cuarto pasa el último colectivo o bus. Y después no hay ninguno que vaya hasta el pueblo, empiezan la mañana siguiente. Antes de subir el pie en el primer escalón se limpia el ojo izquierdo. Los últimos meses empezó a empeorar y la lágrima sale mucho más seguido. Su vista está peor y cada viernes, los números de la pantallita verde con los dígitos de clave para las llamadas al exterior (¿o será al interior?) se convierten en simples trazos oscuros, borrosos y perdidos.